¿Qué falla? ¿Qué me falta? ¿Por qué mis ánimos están así?
Y me crezco en estas situaciones, en esos momentos, porque se que, justo a mi lado, ni detrás ni delante, estás, a la par. Me susurras, me regalas tus palabras, tu aliento. En esos momentos, me doy cuenta de que mis males y mi antídoto eres tú.
Me faltas. Me faltas mucho aquí. Un abrazo, una sonrisa, tu presencia, tu colonia. Tu voz. Necesito sentirte físicamente. En cada momento. Cada día. El desayuno sin ti, se me queda sin la guinda.
A veces me retiro a mi pequeña buhardilla y miro las estrellas. Desde pequeño, mi abuela me decía que las estrellas más brillantes son nuestros seres queridos que, desde alguna parte, te saludan y te dicen que están observándote. Y cada vez que miro a ese cielo estrellado, todas las estrellas me brillan. Sonrío. Y te busco.
Te busco en mi memoria, en mis recuerdos... No quiero perderte de mi lado, a pesar de todo lo que hemos pasado, de las dificultades, de luchar en todo a nuestra contra... Y los recuerdos vuelan. Pero los tuyos no.
El tiempo creo que se detuvo aquella noche de noviembre. Desde entonces, mi vida ya no es la misma. Me has devuelto la ilusión. Algo que creí haber perdido. algo que me robaron y que, de mano en mano, resulta que ha llegado a las tuyas, y la casualidad ha querido que me la entregues en bandeja de plata, después de darme ese beso que me entusiasmó.
No te has ido amor. Por eso me quiero reunir contigo. Y pronto. No aguanto más.
Sé que no te gustan mis formas. Pero sí este fin.
Siempre te querré.
Carta encontrada junto al cuerpo del hombre de la buhardilla.

