miércoles 28 de mayo de 2008
La historia interminable
1. Cada persona pondrá el nombre de su blog delante de sus frases.
2. Enviará la historia a dos personas.
3. Las siguientes personas, al copiar el post, borrarán las direcciones de blog puestas, harán sus líneas y se las mandarán a otras dos, así sucesivamente.
4. No se puede devolver el post a la persona que te lo envió.
5. Y si te vuelve a tocar, no se la puedes enviar a la misma persona que se la enviaste.
6. El blog número 100 terminará la historia y se la mandará al email leinad19xico@hotmail.com.
7. Si tenéis alguna duda ya sabéis donde localizarme.
8. ¡Ah! Última y muy importante regla, la persona a la que aviséis de que es la siguiente, sólo tiene un día para coger el relevo, si en un día no lo ha hecho no vale, y se lo tenéis que comunicar y cambiar de blog.Si esto sale bien, durará un máximo de 100 días y serán unas 1000 frases. El responsable de la idea es http://www.melees.blogspot.com/
Éste es el relato:LA HISTORIA INTERMINABLE
Era impensable, no me lo podía creer, mi mente daba vueltas una y otra vez y no conseguía ser consciente de lo que había pasado, ya no había vuelta atrás, era todo tan confuso.Miré durante unos instantes el martillo ensangrentado, lo envolví en un paño que encontré en el primer cajón de la cómoda y lo escondí en el fondo del armario. A los tres minutos me encontraba en la calle, necesitaba airearme, pensar...En aquellos momentos mi mente aún no estaba preparada para ello... el aire gélido de la mañana cortaba mi rostro como un cuchillo acerado, aún sentía en mi pecho el ritmo acelerado de mi corazón sobresaltado por los espeluznantes hechos que había, en fracciones de segundo, vivido... Aún no podía explicarme cómo demonios había llegado el martillo hasta mis manos y porqué reaccioné de la forma tan brutal como lo hice... Sólo sé que había acabado todo, que era el fin de mi tortura y el comienzo de una vida mejor.Por primera vez, me sentí libre. Había logrado lo que estaba deseando hace mucho tiempo. ¿O realmente yo no lo había deseado nunca? Solamente las circunstancias me habían hecho llegar a aquel extremo en el que me encontraba.No, seguro que detrás de todo aquello había una fuerza misteriosa que me apoyaba. La pregunta era ¿Por que? Sacudí la cabeza.No me debía engañar por mas tiempo, no, yo ya se mi verdad, pero al estar dormitando tantos segundos de mi vida me va a costar desperezarla. Tal vez, la bruja de mi suegra no merecía brecha de tales dimensiones en su cráneo. Sin embargo, por una vez, creía haber hecho lo correcto.Por otra parte si yo no la hubiese atacado a ella quizás ahora sería yo la victima. Porqué a decir verdad la relación con mi suegra siempre había sido de amor-odio. Pero ya había pasado todo y no era hora de pensar en "si hubiera sido de otra forma". Ahora tenía que explicarle a mi pequeña hija Andrea que ya no vería más a su malvada y querida abuelita.Sentí un ruido lejano, parecían las agujas de un reloj y esto hizo que me sobresaltara. Estaba un poco aturdida, ¿se trataba sólo de un mal sueño? Me dirigí al último cajón donde creía haberlo guardado y toqué algo frío y húmedo. Algo extrañamente húmedo en un cajón. Retiré la mano instantáneamente, me asusté, aquel objeto no me resultaba familiar, pero la duda me carcomía por dentro. La eterna lucha entre la curiosidad y la prudencia, pues yo, en el fondo, sabía que debería cerrar ese cajón para siempre y olvidarme de lo que había tocado, pero no fui capaz de resistirme y volví a introducir temblorosamente la mano. Mientras cientos de instantes paseaban fugazmente por mi cabeza, pensé que lo tenía todo embrollado, estaba perdida. Me había metido en un montón de negocios insensatos en lugar de pensarlos despacio y con método. Las facturas de los gastos de mi propia casa y de mis aventuras en el juego se acumulaban hasta el infinito.........
Suspiré y me dispuse a esconder todos los rastros de mi acto. He de limpiarlo todo antes de que lleguen mi marido y mi hijo. Arrastré el cadáver hacia la bañera de la planta de abajo. Una sonrisa fugaz asomó en mi rostro cuando pensé que, a pesar de que tenía a mi suegra por una cabeza dura, su craneo se rompió con bastante facilidad. Supongo que casi cualquier cosa se rompería con facilidad con un martillo de acero tan pesado.
Lo primero era decidir que hacer con el cadáver, tenía varias opciones para deshacerme del cuerpo, pero debía pensar con calma, cúal sería la que contaba con menos posibilidades de no ser descubierta por la policia. También debía buscarme una coartada, mi suegra estaba de visita y muchos familiares lo sabían. Pero lo primero es lo primero, hacerla desaparecer.
Barajando varias posibilidades, al final he decidido descuartizarla en la bañera, para después tirar sus restos en varios contenedores, para ello me iré a otra ciudad y puede que a otra provincia, tengo que echarlos a los de basura orgánica y la trituradoras de basura harán el resto. Creo que esa es la mejor solución por ahora.
Pero, ¡mierda!, ¿cómo coño iba a descuartizarla si no tenía ninguna sierra? Afortunadamente, una bombillita iluminó mi azorado cerebro. Fui corriendo hasta la cocina y rebusqué en uno de los armarios. ¡Bingo! Siempre supe que los cuchillos de la Teletienda acabarían por servirme para algo. Ahora sólo faltaba comprobar si realmente eran capaces de cortar cualquier cosa, como afirmaba muy ufano el chinito que los anunciaba. Volví al cuarto de baño con mis instrumentos de trabajo y comencé la ardua y repugnante tarea.
Vity: Con paciencia y esmero, con una exactitud pasmosa gracias a un interesante libro forense de un familiar, empecé a despedazar la rodilla. Introduje el punzante objeto contundentemente, el carnicero lo hacía, y no parecía muy difícil.
Quiero que este macabro relato lo sigan 2 personas que para mí escriben genial: Ana y Lúcida. Siento enmarronaros, pero es sólo un momentito jeje.
viernes 23 de mayo de 2008
Crónicas desde el paraíso
-Sí, aunque no me creas, existe el paraíso - le dijo con una convicción tan rotunda, que calló unos segundos.
-¿Pero dónde está ese paraíso? No lo veo. Solo veo que la gente se mata, que los niños como nosotros se mueren de hambre, que la gente pobre no tiene casa, y que mi papi siempre dice que la vida es una 'mierda'- planteó el otro niño, apagando su voz.
-No es fácil poder encontrarlo, vive en ti - afirmó sonriendo.
-Tú estás loco. No sabes lo que estás diciendo - sonrió el otro niño.
-Eso dice el psicólogo del cole, pero no le hago mucho caso.
Sonrieron los dos durante unos segundos.
-Yo quiero ir a ese paraíso, ¿hay caramelos de esos de la tienda de la Juani? - preguntó inundado de curiosidad.
-¡Claro! Y montañas de caramelos, y además, ¡los dientes no se pican! y los dentistas solo te dan más caramelos.
-No me lo creo - giró inesperadamente la conversación.
De repente, saca de su bolsillo un puñado de caramelos.
-Aún no estás preparado, no puedes ir al paraíso - le dijo.
-¿Por qué? Quiero caramelos.
-Por eso mismo, porque sólo piensas en caramelos...
lunes 19 de mayo de 2008
Un café
La tromba de agua le sorprendió de vuelta a casa. Simplemente había salido a comprar unos sellos, necesitaba responder a una postal que su mejor amiga le envió desde Luxemburgo. Sentado desde su privilegiada situación, observó cosas que jamás se había fijado. Años allí, y se daba cuenta ahora que la antigua panadería era ahora una zapatería de diseño; el antiguo supermercado, era ahora una franquicia de cosméticos. Pero lo que más le sorprendió fue ver que la antigua estafeta de correos, era ahora una tienda de ropa.
Pero no sólo vio que los comercios cambian. El nombre de la calle, la antigua Nazaret, era ahora la Avenida de la Libertad. Los vehículos estacionados eran cada vez más modernos. Las vallas publicitarias, inundaban el paisaje urbano. Los árboles comenzaban a florecer, pero su olor era absorbido por la polución de la ciudad.
La gente caminaba rápido, bajo sus paraguas. Uno hablaba con su Blackberry. El otro, maldecía el día. Otra señora, iba cargada de bolsas. Una niña, jugaba a pisar charcos. Y un anciano, se limitaba a sonreír a los viandantes. Pero nadie hablaba con nadie. Nadie sabía de nadie.
Decidió ofrecer el improvisado refugio al anciano que allí estaba con un paraguas. Con un gesto casi tímido, el chico agitó su mano. El hombre, decidió acercarse hacia la techadumbre.
- Véngase aquí, nos refugiaremos- dijo el chico.
- ¿De qué?- pregunto el hombre - ¿del agua o de la soledad?
- Supongo que... del agua - dudó el chico
- Pues aquí tienes mi paraguas, te lo regalo - aseguró el hombre sonriendo.
- ¿Le apetece un café? Yo invito - sentenció el joven.
- Con leche, por favor - aceptó el anciano.
La postal del joven, esperó.
lunes 12 de mayo de 2008
Así es
Quiero también pedir perdón a toda aquella gente que ultimamente no he visitado en sus blogs, esos magníficos escritos o reflexiones que me encantaría no haberme perdido.
Pero es una época delicada. Prisas, agobios de última hora, preparativos, pc roto, un caos. Exámenes a la vuelta de la esquina, problemas... que hacía que me refugiasen tal vez en un libro, un paseo por la playa o una conversación con mi gente.
Tengo la cabeza en lugares que tal vez no se ni yo si existen o no, lugares algo recónditos, o alejados, o donde puedan entenderme. Me jode sinceramente no poder tener más tiempo para dedicarle a cosas que a mi me producen placer, paz, tranquilidad... y dedicarlas a cosas importantes, pero tal vez de cara al público.
A veces me da por reflexionar, supongo que como todos que se preocupan por lo que le rodea y su vida, por apariencias, acciones que hay que hacer para ser socialmente aceptado, o entrar en círculos supuestamente exclusivos, o pertener a gente vacía. Pero me alegra saber que soy auténtico, que soy quien quiero ser, que estoy seguro de mi mismo, de lo que quiero, de lo que aspiro, de lo que anhelo.
Pero a veces, la gente confunde el triunfo, las ganas, la ambición positiva de superación, con términos casi 'hobbesianos', derribar todo aquello, humano o no, que puede cruzarse, y creyendose poderoso, por un poder casi ficticio u otorgado.
Pues que quieres que te diga. Prefiero ser el dueño de mi vida, de mis sentimientos, de mis inquietudes. Mirar un valle a mis pies, ser el empresario de mis sueños... que no saber si quiero un té o no.
Me siento triste, por eso, quiero plasmar este texto, que me encantó en el momento que lo leí.
(Des)Encuentros, de un relato de Andrea Maturana
Nadia camina cansada por la calle. El cansancio se le nota en los ojos, en la mirada torcida y en el andar sin norte; camina como si le hiciera falta equilibrio, como si no tuviera centro. Rodrigo camina lento, tratando de disimular que está triste. Se le nota en el no levantar la vista y en la longitud de los pasos, que uno a uno parecen mantenerlo en el sitio. Nadia y Rodrigo se acercan poco a poco, caminando en sentido contrario, sin saber el uno de la existencia del otro.
Por un segundo Rodrigo ve los pies de ella demasiado cerca, y Nadia ve su figura, pero llevan el impulso de miles de años y no alcanzan a detenerse. En el choque no se miran. Rodrigo siente en su pecho los pechos de Nadia. Los siente firmes, vivos, reales. Siente en la cara el pelo de Nadia que con el impulso se le entromete en la boca y en los ojos, siente uno de los brazos de ella que se adelantó y le rozó el costado, y que podría quedarse ahí por un tiempo indefinido, que ese abrazo lo sostiene, que ella es igual.
Pero él no la mira y Nadia sólo percibe el contacto de su cuerpo, firme, ancho, abarcador. La pierna de Rodrigo entre las dos piernas de Nadia abriéndole un espacio, la mano de Rodrigo en la cintura de Nadia para detener el impacto. Permanecen así un momento, quietos, incrédulos, con la esperanza de que algo suceda que los congele ahí, mirando de frente el camino que deberían tomar.
Después se separan, lentamente, en un afán de eternizar el encuentro: se ordenan las ropas y las sensaciones y retoman de a poco el ritmo de los pasos, alejándose, con cada uno, del otro.
Rodrigo, con la vista baja, llora porque fue hermoso. Nadia, con la mirada torcida, llora porque fue efímero.
sábado 3 de mayo de 2008
El papel
Perdido, al igual que él mismo, llegó a un extraño parque. No había niños, ni gente paseando, ni risas, ni toboganes repletos; nada, más que él y su sombra, consecuencia del sol imponente que se mostraba sobre su cabeza.
Comenzó a temblar, de rabia, de miedo, de soledad, de tristeza... Todo le daba la espalda, parecía que huían de él.
De repente, una pequeña hoja de papel se elevó gracias a una cálida brisa. Revoltosa y juguetona, el pequeño trozo de celulosa, algo manchado por la tierra, cayó en sus pies, de manera delicada.
Él decidió cogerla, ya que era su única compañera, y ver qué decía. Posibilidades varias rondaron su cabeza: publicidad, algún escrito, proyectos erróneos...
Estaba algo doblada y arrugada. Con sumo cuidado, intentó enderezarla. Había algo escrito, con unos trazos mágicos, delicados, suaves, de color negro. Y nada más que dos palabras, dos simples grafos, pero con tanto poder, carácter, emoción... 'Te Quiero' silbaban aquellas letras juntas.
'De dónde provendrá, quién mencionaría esas palabras rasgadas' Su imaginación de nuevo volvió a rodar, como un molino, intentado extraer ese grano que calmara sus ganas de comprender.
Entonces, decidió algo de improviso. Guardó su pequeña hoja en el bolsillo, con cuidado para no estropearla aún más, y llenarse de vitalidad con aquel potente escrito.
Y corrió y corrió para decir a aquella persona, esas simples palabras del papel...


