Es diciembre, por la mañana.
El día se había levantado blanco, como un gran tapiz de azúcar, que a ella tanto le gustaba. En su ventana, un gran algodón, que por supuesto, no dudó en probar. Salivó, agarró un poquito con sus pequeñas manos... y le decepcionó al ver que era agua. 'Las nubes no dan dulces', pensó.
Bajó corriendo por las escaleras, con un frenesí sin igual. Estaba inquieta, muy inquieta.
Miró a su alrededor. Chequeó que todo estuviese correcto: las luces, la chimenea, el árbol... No podía fallar un detalle. Era crucial, la confianza estaba depositaba en ella, y sentía la obligación de devolverla.
La cómoda estaba lista, y el sofá preferido, en el lugar correspondiente. El suelo de madera, reluciente.
Anhelaba con gran ilusión este momento. Meses y meses de espera, de deseos. 'Creo que he sido buena', se dijo hacia sí misma, mientras asentía y sonreía.
Podría llegar en cualquier momento, pero los minutos no hacían más que ir hacia atrás. Esperaba sentada en las escaleras, enfrente de la puerta.
De repente, un golpe en la puerta. Una silueta amenazaba la cortinilla de la vidriera de la puerta. Brincó de las escaleras con lágrimas en los ojos y, con decisión, decide abrir la puerta.
Sus ojos húmedos se abrieron.
- ¡Mamá!
miércoles 27 de febrero de 2008
domingo 24 de febrero de 2008
sábado 23 de febrero de 2008
Tu aliento
Mis sábanas enredadas en mi cuerpo. Culpa de mi inquietud. Tal vez de osadía en mis sueños. No lo sé. Lo único que siento es que es fría, helada. Duermo sobre un gran bloque bajo cero. Antes, no era así.
No recuerdo el día. Ni quiero.
Pero puedo ver esa imagen, fugaz en mi mente, de tus cabellos doblando la puerta, de tu maleta roja en la entrada. De tus abrigos. De tus deseos...
No entiendo por qué pasó, todo fue rápido. Dos días antes nos mirábamos a los ojos. Dos días después, mirabas mis zapatos.
Te encaminaste hacia la puerta, decidida. Me desplomé, mientras lo veía.
Tu querías, yo te quería.
Desde entonces, vivo en una madriguera.
Llena de tantas cosas tuyas...
¿Por qué aún no te has marchado del todo?
Tu susurro no está, pero sí tu aliento...
Tu aliento...
No recuerdo el día. Ni quiero.
Pero puedo ver esa imagen, fugaz en mi mente, de tus cabellos doblando la puerta, de tu maleta roja en la entrada. De tus abrigos. De tus deseos...
No entiendo por qué pasó, todo fue rápido. Dos días antes nos mirábamos a los ojos. Dos días después, mirabas mis zapatos.
Te encaminaste hacia la puerta, decidida. Me desplomé, mientras lo veía.
Tu querías, yo te quería.
Desde entonces, vivo en una madriguera.
Llena de tantas cosas tuyas...
¿Por qué aún no te has marchado del todo?
Tu susurro no está, pero sí tu aliento...
Tu aliento...
lunes 18 de febrero de 2008
Tú
Día gris. Día sin sabores. Sin alientos. Sin desconciertos. Sin tramas. Sin inquietudes. Sin anhelos. Sin deseos. Sin ti...
Día incierto. Con un propósito.
No más oscuridad, no más desdén. No quiero estar lejos de tu sonrisa. No. Mas quédate cerca, muy cerca, dibujándome figuras de pasión en mi pecho.
Róbame este día. No lo quiero. Porque mi día empezará cuando tú despiertes a mi vera, tácitamente, sin susurrar. Sólo con miradas.
Déjame acariciar tu pelo, traspasar mis dedos entre tus cabellos, suavemente, reflejando sentimientos sin la necesidad de vocalizar. Porque sólo quiero articular mi boca para recibir un beso tuyo.
Me quema. Me quemó. Y aún estoy curando mis heridas.
Pero no quiero más remedios caseros.
Quiéreme. Que yo ya lo estoy haciendo.
Bésame. Que lo estoy deseando.
Agárrame. Pero fuerte, para no marcharme.
Grítame. Al oído.
Y mientras tanto, tú lo deseas en la oscuridad...
Sin más...
Día incierto. Con un propósito.
No más oscuridad, no más desdén. No quiero estar lejos de tu sonrisa. No. Mas quédate cerca, muy cerca, dibujándome figuras de pasión en mi pecho.
Róbame este día. No lo quiero. Porque mi día empezará cuando tú despiertes a mi vera, tácitamente, sin susurrar. Sólo con miradas.
Déjame acariciar tu pelo, traspasar mis dedos entre tus cabellos, suavemente, reflejando sentimientos sin la necesidad de vocalizar. Porque sólo quiero articular mi boca para recibir un beso tuyo.
Me quema. Me quemó. Y aún estoy curando mis heridas.
Pero no quiero más remedios caseros.
Quiéreme. Que yo ya lo estoy haciendo.
Bésame. Que lo estoy deseando.
Agárrame. Pero fuerte, para no marcharme.
Grítame. Al oído.
Y mientras tanto, tú lo deseas en la oscuridad...
Sin más...
viernes 15 de febrero de 2008
Oda a la amistad
Anoche salí. Hacía algo de tiempo que no pisaba garitos ni nada, con los exámenes y el lío que llevo encima. Y claro, hoy, sueño. Resaca no, porque no bebo al conducir, pero dormir 4 horas...me deja trastocado. Pero me gusta. Cuando estoy así, las palabras me fluyen muy rápidamente. Y hoy tengo los dedos que me arden.
Me gustaría comentar mi postura sobre la amistad. Y que todos los lectores de este post, intervengan a través de sus comentarios y me propongan nuevas opciones, visiones, experiencias... Quiero que interactuemos. Os propongo esa opción, espero que participéis.
Todos conocemos la amistad. Alardeamos de ella. No tenemos ninguna duda en recurrir a ella, disfrutarla, sentirla. Nadie duda. Incrédulos.
La gente utiliza una especie de pseudoamistad inventada sin ningún tipo de vínculo. Cero. Sólo por situaciones o estancias creen poseerla. Creen que por decir 'tío te quiero' en momentos de depresión del sistema nervioso debido a la ingesta de alcohol ya lo es. O en dar palmaditas de cumplido en la espalda de vez en cuando (no siempre, que las palmetadas se acaban) ya es amistad. O por prestarte algo. O por sonreír. O por fingir...
La amistad es algo más. Es un valor. Un principio. Unos lazos. Unos sentimientos. Es una implicación emocional a todos los niveles de la vida, una unión que prospere más allá que una relación académica o laboral. Es sentir lo mismo que esa persona, disfrutar lo mismo que esa persona. Joder, ser uno! (perdón por mi mal hablar, pero es rotundo, y me gusta).
Porque la amistad es algo tan inmenso que no somos capaces ni de divisarlo. Ni de alcanzarlo.
Me enseñaron una vez la diferencia entre simular y disimular. Simular es tener algo que no tienes (un símil) y disimular es decir que no tienes algo que realmente tienes. A mucha gente le paso algo parecido. Simulamos amistad y la escondemos en acciones inertes, disimulos. Un teatrillo de tres al cuarto.
Ejemplo: Gente que conoces un día de fiesta. Sois amiguísimos de toda la vida, almas gemelas. Llega el lunes. Ni hola.
Me revienta, me hierve la sangre con esas cosas, con la falsedad y la falta de claridad en la vida, y en las formas de actuar. Un poquito de sinceridad. Un poquito de buen hacer. Un poquito de ti mismo...
Creo en la amistad. Pero no creo en la amistad terrestre.
¿Y tú? ¿De quién eres?
Me gustaría comentar mi postura sobre la amistad. Y que todos los lectores de este post, intervengan a través de sus comentarios y me propongan nuevas opciones, visiones, experiencias... Quiero que interactuemos. Os propongo esa opción, espero que participéis.
Todos conocemos la amistad. Alardeamos de ella. No tenemos ninguna duda en recurrir a ella, disfrutarla, sentirla. Nadie duda. Incrédulos.
La gente utiliza una especie de pseudoamistad inventada sin ningún tipo de vínculo. Cero. Sólo por situaciones o estancias creen poseerla. Creen que por decir 'tío te quiero' en momentos de depresión del sistema nervioso debido a la ingesta de alcohol ya lo es. O en dar palmaditas de cumplido en la espalda de vez en cuando (no siempre, que las palmetadas se acaban) ya es amistad. O por prestarte algo. O por sonreír. O por fingir...
La amistad es algo más. Es un valor. Un principio. Unos lazos. Unos sentimientos. Es una implicación emocional a todos los niveles de la vida, una unión que prospere más allá que una relación académica o laboral. Es sentir lo mismo que esa persona, disfrutar lo mismo que esa persona. Joder, ser uno! (perdón por mi mal hablar, pero es rotundo, y me gusta).
Porque la amistad es algo tan inmenso que no somos capaces ni de divisarlo. Ni de alcanzarlo.
Me enseñaron una vez la diferencia entre simular y disimular. Simular es tener algo que no tienes (un símil) y disimular es decir que no tienes algo que realmente tienes. A mucha gente le paso algo parecido. Simulamos amistad y la escondemos en acciones inertes, disimulos. Un teatrillo de tres al cuarto.
Ejemplo: Gente que conoces un día de fiesta. Sois amiguísimos de toda la vida, almas gemelas. Llega el lunes. Ni hola.
Me revienta, me hierve la sangre con esas cosas, con la falsedad y la falta de claridad en la vida, y en las formas de actuar. Un poquito de sinceridad. Un poquito de buen hacer. Un poquito de ti mismo...
Creo en la amistad. Pero no creo en la amistad terrestre.
¿Y tú? ¿De quién eres?
miércoles 13 de febrero de 2008
Hoy quiero regalar...
Hoy ha sido un día muy muy agotador. Sin parar. Ni un segundo. Me acabo de sentar después de 8 horas de clase en la Universidad. Seguro que hay más gente como yo, sin tiempo de nada. Por eso, hoy quiero regalaros este fantástico relato del genial Julio Cortázar, que más de uno tal vez no conozca. Tanto si lo has leído alguna vez como si no, relájate y disfruta de nuevo de él, o descúbrelo si aún no has podido encontrarlo. Se llama 'Continuidad de los parques' y es un pequeño cuento. Aquí está:
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
martes 12 de febrero de 2008
De pino en pino
Apasionante. Esa sería en una palabra como yo resumiría mi viaje por la comarca de La Alpujarra, en Granada. Situado en la cara sur de Sierra Nevada e inmerso en el Parque Nacional con el mismo nombre, posee infinidad de pueblecitos blancos de escasos habitantes. Pero sobre todo, con mucha solera.
Charlaba yo con un hombre del pueblo, José, que además era el casero de donde tenía el alojamiento (del que más adelante os hablaré), que no era normal el tiempo que hacía. Y así era. Sol, sol y más sol. Y la nieve? Eso mismo se preguntaban allí también. La nieve es su medio de vida. Les proporciona agua, prepara los cultivos, y sobre todo...atrae turistas. Ingleses, alemanes, incluso suecos... La máquina de hacer dinero llega a lugares tan dispares como aquí.
Pues eso, que de nieve, nanaí. Lo único que pude ver de nieve fue en Trevélez, en el pico de Mulhacén. Aunque no sabía si eran glaciares o simplemente caprichos meteorológicos que el juguetón sol no ha podido mover. Aunque me quedo con poder haber visto laderas y laderas de almendros en flor. Un espectáculo impresionante poder ver algodones de azúcar a través de kilómetros y kilómetros. Como me dijo José, cada época del año tiene su 'no se qué' que endulza la vista. Y qué razón tiene.
En la primera foto que adjunto, se puede ver el pueblo donde estuve principalmente: Laroles. Un pueblecito de no más de 600hb, a 1200m. sobre el nivel del mar. Tiene una iglesia preciosa y de noche es un espectáculo. La gente, encantadora. Amable. Con mil batallas e historias que contar. Y poder escuchar.
Mi casita estaba allí, en ese pueblo. En una finca rehabilitada en cierta medida, pero antigua. Con arquitectura típica. Es realmente curioso que sus tejados, tan acostumbrados al agua, no posean una caída a 'dos aguas' (con forma de triángulo), sino planos. Y el blanco. Los encalados son una seña de identidad de los pueblos, que desde los altos, se podían divisar a través del valle, como manchas blancas distribuidas de forma caprichosa. Junto con los almendros, parecen los valles helados de nata y fresa.
Pero me quedo con el aire. Limpio, puro. Sin olor a coches, ruido, agua estancada...sin olor a gente. Después de todo el agobio, y enlazándolo con mi post anterior, fue una delicia poder disfrutar de experiencias sensoriales que normalmente no podemos adquirir, ni comprender. Creer que sólo existen autovías, coches y peatones, y poder sentir el ruido del viento en los árboles y la vegetación.
En esta segunda imagen es el lugar donde respiré el mejor aire. El puerto de la Ragua, uno de los únicos pasos que atravesaban de norte a sur este sistema montañoso. Un lugar precioso, con senderos y grandes claros donde poder pasar un día agradable lejos de la civilización.
Multitud de paisajes, de vida diferente, acciones, sensaciones, inquietudes. Modos de vida distintos al que, la mayoría de agobiados mortales estamos acostumbrados. De verdad, os recomiendo que recorráis esta zona, con infinidad de pueblos, y de vida. Yo he hecho un muy muy pequeño resumen. Iré hablando de más cositas. Estos son términos generales.
Si queréis información o lo que sea y compartir con alguien mi experiencia de manera más detallada, que me lo pregunte.
Por cierto, no he citado nada de mi acompañante en esta aventura. Alba. Gran culpable de este viaje. Un besito
Charlaba yo con un hombre del pueblo, José, que además era el casero de donde tenía el alojamiento (del que más adelante os hablaré), que no era normal el tiempo que hacía. Y así era. Sol, sol y más sol. Y la nieve? Eso mismo se preguntaban allí también. La nieve es su medio de vida. Les proporciona agua, prepara los cultivos, y sobre todo...atrae turistas. Ingleses, alemanes, incluso suecos... La máquina de hacer dinero llega a lugares tan dispares como aquí.
Pues eso, que de nieve, nanaí. Lo único que pude ver de nieve fue en Trevélez, en el pico de Mulhacén. Aunque no sabía si eran glaciares o simplemente caprichos meteorológicos que el juguetón sol no ha podido mover. Aunque me quedo con poder haber visto laderas y laderas de almendros en flor. Un espectáculo impresionante poder ver algodones de azúcar a través de kilómetros y kilómetros. Como me dijo José, cada época del año tiene su 'no se qué' que endulza la vista. Y qué razón tiene.
Mi casita estaba allí, en ese pueblo. En una finca rehabilitada en cierta medida, pero antigua. Con arquitectura típica. Es realmente curioso que sus tejados, tan acostumbrados al agua, no posean una caída a 'dos aguas' (con forma de triángulo), sino planos. Y el blanco. Los encalados son una seña de identidad de los pueblos, que desde los altos, se podían divisar a través del valle, como manchas blancas distribuidas de forma caprichosa. Junto con los almendros, parecen los valles helados de nata y fresa.
Pero me quedo con el aire. Limpio, puro. Sin olor a coches, ruido, agua estancada...sin olor a gente. Después de todo el agobio, y enlazándolo con mi post anterior, fue una delicia poder disfrutar de experiencias sensoriales que normalmente no podemos adquirir, ni comprender. Creer que sólo existen autovías, coches y peatones, y poder sentir el ruido del viento en los árboles y la vegetación.
En esta segunda imagen es el lugar donde respiré el mejor aire. El puerto de la Ragua, uno de los únicos pasos que atravesaban de norte a sur este sistema montañoso. Un lugar precioso, con senderos y grandes claros donde poder pasar un día agradable lejos de la civilización.
Multitud de paisajes, de vida diferente, acciones, sensaciones, inquietudes. Modos de vida distintos al que, la mayoría de agobiados mortales estamos acostumbrados. De verdad, os recomiendo que recorráis esta zona, con infinidad de pueblos, y de vida. Yo he hecho un muy muy pequeño resumen. Iré hablando de más cositas. Estos son términos generales.
Si queréis información o lo que sea y compartir con alguien mi experiencia de manera más detallada, que me lo pregunte.
Por cierto, no he citado nada de mi acompañante en esta aventura. Alba. Gran culpable de este viaje. Un besito
jueves 7 de febrero de 2008
Querría reivindicar...
Hoy es un día genial. Hay una luz impresionante aquí en la Costa Blanca, y me ha hecho reflexionar muchísimo hoy cuando me he asomado y he visto el mar, con sus motas plateadas, a modo de gran pez coleante.
Es un día de rebeldía. Sí. Quiero impulsar a los más desfavorecidos. Aquellas cosas que endulzan, que son diferentes, que marcan la diferencia, que nos muestran esencias, sensaciones, actitudes, sentimientos... a base de acciones, gestos, caricias, sucesos...
Vivimos a cien por hora. De media claro. Algunos se excederán de velocidad y perderán puntos en su carnet particular, y otros, irán más lento, contemplando el paisaje. Yo creo que si me coloco dentro de este símil, viviría a ochenta por hora. Con la prisa que me demanda el mundo en el que nos ha tocado vivir, y el jugo que intento yo extraer de lo que me rodea.
Porque sí, el paladar es aquella sensación que tenemos adormitada en nuestro cuerpo. Seguro que ya han hecho importantes estudios enfocados hacia el descubrimiento de su extinción. Tal vez, como arqueólogo sensorial que intento ser, yo me niego a reconocer su extinción. Y busco. Y excavo. Y quiero encontrar...
Estarás intentando reflexionar de que estoy hablando. Pensarás que no tiene sentido lo que plasmo aquí. Si aún no lo has descubierto, quiero que lo hagas. Creo que no es muy complicado. Vuelve a leer desde el principio.
Lo descubro: quiero reivindicar los detalles. Sí, los detalles. Aquellas cositas que hacen que una simple sonrisa se convierta en una alegría. Que un simple sonido se convierta en melodía. Me gustaría haceros pensar y meditar sobre eso. Cómo dónde normalmente vemos algo vanal, sin sentido, podemos extraer conclusiones tan dispares como ojos que ven las cosas!! Fijarnos, afilar la percepción, relajarse, y sobre todo, sellar nuestros espías... Anúlalos durante unos segundos. Tus otros cuatro sentidos (o cinco, si eres mujer) se potenciarán.
Tal vez sea la saturación en la que nos hayamos, tal vez la falta de atención, de ganas, de entusiasmo... Yo quiero pensar que nada de esto es, que simplemente temes mirar más allá de lo que ves a tu alrededor, amparado en el 'sólo creo lo que veo' Te animo a que te pares, cierres los ojos, escuches a tu alrededor, actives esos sentidos sólo dedicados a cosas sin sentido y descubras aquellas cosas que dan sabor a tu razón de ser...
Decubre, por favor. No dejes que las sensaciones corpóreas, incluso espirituales, se mueran. No te quedes con una mueca, sino con un guiño.
Y como despido, quería dar las gracias a todas aquellas personas que se han dejado deslizar por mis desastes, y que han dado su opinión. Me harán crecer como persona. Mañana me voy a descubrir detalles a la Alpujarra, hasta el lunes no volveré. Pasad un gran fin de semana.
Un abrazo.
Es un día de rebeldía. Sí. Quiero impulsar a los más desfavorecidos. Aquellas cosas que endulzan, que son diferentes, que marcan la diferencia, que nos muestran esencias, sensaciones, actitudes, sentimientos... a base de acciones, gestos, caricias, sucesos...
Vivimos a cien por hora. De media claro. Algunos se excederán de velocidad y perderán puntos en su carnet particular, y otros, irán más lento, contemplando el paisaje. Yo creo que si me coloco dentro de este símil, viviría a ochenta por hora. Con la prisa que me demanda el mundo en el que nos ha tocado vivir, y el jugo que intento yo extraer de lo que me rodea.
Porque sí, el paladar es aquella sensación que tenemos adormitada en nuestro cuerpo. Seguro que ya han hecho importantes estudios enfocados hacia el descubrimiento de su extinción. Tal vez, como arqueólogo sensorial que intento ser, yo me niego a reconocer su extinción. Y busco. Y excavo. Y quiero encontrar...
Estarás intentando reflexionar de que estoy hablando. Pensarás que no tiene sentido lo que plasmo aquí. Si aún no lo has descubierto, quiero que lo hagas. Creo que no es muy complicado. Vuelve a leer desde el principio.
Lo descubro: quiero reivindicar los detalles. Sí, los detalles. Aquellas cositas que hacen que una simple sonrisa se convierta en una alegría. Que un simple sonido se convierta en melodía. Me gustaría haceros pensar y meditar sobre eso. Cómo dónde normalmente vemos algo vanal, sin sentido, podemos extraer conclusiones tan dispares como ojos que ven las cosas!! Fijarnos, afilar la percepción, relajarse, y sobre todo, sellar nuestros espías... Anúlalos durante unos segundos. Tus otros cuatro sentidos (o cinco, si eres mujer) se potenciarán.
Tal vez sea la saturación en la que nos hayamos, tal vez la falta de atención, de ganas, de entusiasmo... Yo quiero pensar que nada de esto es, que simplemente temes mirar más allá de lo que ves a tu alrededor, amparado en el 'sólo creo lo que veo' Te animo a que te pares, cierres los ojos, escuches a tu alrededor, actives esos sentidos sólo dedicados a cosas sin sentido y descubras aquellas cosas que dan sabor a tu razón de ser...
Decubre, por favor. No dejes que las sensaciones corpóreas, incluso espirituales, se mueran. No te quedes con una mueca, sino con un guiño.
Y como despido, quería dar las gracias a todas aquellas personas que se han dejado deslizar por mis desastes, y que han dado su opinión. Me harán crecer como persona. Mañana me voy a descubrir detalles a la Alpujarra, hasta el lunes no volveré. Pasad un gran fin de semana.
Un abrazo.
miércoles 6 de febrero de 2008
Fin de exámenes, de grupos musicales...
Lo primero que quiero darte es la bienvenida por molestarte en pararte unos segundos en este pequeño trozo de mis pensamientos que he decidido crear hoy. No sé si serán los medicamentos que estoy tomando debido a la garganta o qué, pero he acabado haciendo esto. Soy nóvel (tengo la L en esto de bloggear) así que poquito a poco iré perfeccionando esto. Aún estoy alicatando.
Aún no me he presentado. Me llamo vity y si quieres saber algo más de mí, te invite a que ojees mi perfil o contactes conmigo. Me encanta charlar, así que no te pondré nunca mala cara.
Quiero empezar hablando del fin. Hoy es un día en el que muchas cosas se han terminado. Han terminado los exámenes, y con ellos, el primer cuatrimestre. Libertad? temporal. Fin de estar encerrado en mi cuarto deslizandome entre líneas y líneas de asignaturas tan dispares como curiosas. El precio de la formación jeje.
Pero lo que más me ha apenado en este periodo de ivernación habitacional ha sido enterarme de la desaparición del grupo Fábula. Quien esté más o menos enterado de tema, sabrán quienes son y que ya han anunciado su retirada hace casi un mes, pero hasta hoy no he hecho referencia en estos párrafos.
Les conocí por casualidad, en verano, gracias a mi amiga Thais (un besitoooo y a ver cuando regresas!!). La primera canción que escuché fue 'Perdón' de su primer disco. Un ritmo un tanto popero pero individual. Conseguí su segundo trabajo, 'Crisálida' y la verdad que sus letras me acompañan cada día en mi coche. Son geniales, y lástima que supe de su existencia tarde. Os invito a ver el vídeo que he podido colgar de ellos en mi blog, se llama 'Me iré' y pertenece a este segundo álbum.
Fábula es el típico ejemplo de gente que realmente ama a la música, que no quiere repercusión mediática, nada más que mostrarse tal y como son. Agarrarte de la mano y llevarte por sus versos, sus letras, reduciendo el tiempo y tal vez, el espacio. Ha conseguido afianzarse en la vanguardia del pop español sin hacer ruido, pero dejando mucha huella.
Sin más, les deseo mucha suerte a ambos. Y que sólo sea un hasta luego...
Y como todo, y haciendo referencia a este post, llega el fin del mismo. Pero como todo fin, a continuación viene un principio. Principio de qué? Si lo supiera, determinaría, y eso, a mi parecer... no se controla!
Es el comienzo...
Aún no me he presentado. Me llamo vity y si quieres saber algo más de mí, te invite a que ojees mi perfil o contactes conmigo. Me encanta charlar, así que no te pondré nunca mala cara.
Quiero empezar hablando del fin. Hoy es un día en el que muchas cosas se han terminado. Han terminado los exámenes, y con ellos, el primer cuatrimestre. Libertad? temporal. Fin de estar encerrado en mi cuarto deslizandome entre líneas y líneas de asignaturas tan dispares como curiosas. El precio de la formación jeje.
Pero lo que más me ha apenado en este periodo de ivernación habitacional ha sido enterarme de la desaparición del grupo Fábula. Quien esté más o menos enterado de tema, sabrán quienes son y que ya han anunciado su retirada hace casi un mes, pero hasta hoy no he hecho referencia en estos párrafos.
Les conocí por casualidad, en verano, gracias a mi amiga Thais (un besitoooo y a ver cuando regresas!!). La primera canción que escuché fue 'Perdón' de su primer disco. Un ritmo un tanto popero pero individual. Conseguí su segundo trabajo, 'Crisálida' y la verdad que sus letras me acompañan cada día en mi coche. Son geniales, y lástima que supe de su existencia tarde. Os invito a ver el vídeo que he podido colgar de ellos en mi blog, se llama 'Me iré' y pertenece a este segundo álbum.
Fábula es el típico ejemplo de gente que realmente ama a la música, que no quiere repercusión mediática, nada más que mostrarse tal y como son. Agarrarte de la mano y llevarte por sus versos, sus letras, reduciendo el tiempo y tal vez, el espacio. Ha conseguido afianzarse en la vanguardia del pop español sin hacer ruido, pero dejando mucha huella.
Sin más, les deseo mucha suerte a ambos. Y que sólo sea un hasta luego...
Y como todo, y haciendo referencia a este post, llega el fin del mismo. Pero como todo fin, a continuación viene un principio. Principio de qué? Si lo supiera, determinaría, y eso, a mi parecer... no se controla!
Es el comienzo...
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